Juzgar una decisión solo por su resultado es una trampa
El sesgo de resultado confunde suerte con habilidad — juzga el proceso, no solo el resultado.
El sesgo de resultado confunde suerte con habilidad — juzga el proceso, no solo el resultado.
El FOMO es ansiedad disfrazada de oportunidad — pregúntate si lo querrías si nadie más lo hiciera.
La repetición hace que las afirmaciones parezcan ciertas — pero la familiaridad no es evidencia.
Los eventos aleatorios pasados no influyen en los futuros — el universo no lleva la cuenta.
Sé optimista con tus metas pero realista con tus planes — el cerebro piensa por defecto en el mejor caso.
Culpamos el carácter ajeno pero excusamos el nuestro por las circunstancias — la situación suele importar más.
El sesgo retrospectivo reescribe tu memoria — no lo predijiste, solo lo recuerdas así.
Siempre subestimas cuánto tiempo toman las cosas — planifica basándote en cuánto tardaron realmente la última vez.
Que dos cosas sucedan juntas no prueba que una cause la otra — busca siempre factores ocultos.
Detectar los sesgos de otros es fácil; ver los propios requiere una habilidad fundamentalmente diferente.
Las historias de éxito ocultan los fracasos — siempre pregunta cuántas personas intentaron lo mismo y no lo lograron.
Tu feed está optimizado para la interacción, no para la precisión — consume noticias deliberadamente, no pasivamente.
Tu cerebro convierte eventos aleatorios en historias ordenadas — desconfía de explicaciones que parecen demasiado limpias.
El primer número que escuchas moldea todos los que vienen después — establece tu propio punto de referencia antes de que alguien lo haga por ti.
Hacer constantemente el trabajo de otros frena tu crecimiento y les enseña a depender de ti en vez de crecer ellos mismos.
Acumular conocimiento crítico te encadena a tu puesto actual — compartirlo libremente te posiciona como líder.
Hacerte reemplazable en tu puesto actual es un requisito previo para que te consideren para uno más grande.
Comprueba regularmente si tu lealtad a la empresa es mutua — la devoción unilateral se convierte silenciosamente en autodaño.