Una mala entrevista sigue siendo práctica -- analízate después de cada una
Incluso la peor entrevista tiene algo que enseñarte. La pregunta que te tomó desprevenido, la respuesta en la que divagaste, el momento en que perdiste confianza -- todo esto son puntos de datos. Después de cada entrevista, dedica diez minutos a anotar qué salió bien, qué no y qué harías diferente. Con el tiempo, este hábito convierte el rechazo en perfeccionamiento. Quienes consiguen grandes ofertas no son los que nunca tropiezan -- son los que aprenden de cada tropiezo.
La idea
Cada entrevista, buena o mala, te afila -- pero solo si te tomas el tiempo de analizar qué pasó.
Experiencia viva
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