Deja que los niños cometan pequeños errores con el dinero mientras las consecuencias son bajas
El instinto de proteger a tu hijo de cada mala compra es fuerte, pero el momento más seguro para aprender que el dinero es finito es cuando la consecuencia de un error es un juguete del que se arrepienten, no un préstamo de auto del que se arrepienten. Un niño que gasta toda su mesada en dulces y luego no puede comprar algo que realmente quiere la próxima semana acaba de aprender una lección que ninguna charla podría enseñar.
Da a los niños una cantidad pequeña y regular de dinero y libertad genuina para gastarlo. Resiste el impulso de rescatarlos cuando toman malas decisiones. Déjales experimentar la incomodidad natural de querer algo que no pueden costear porque gastaron demasiado rápido. Estos pequeños fracasos de bajo riesgo construyen los instintos financieros que los protegerán cuando los números sean más grandes.
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