Tus victorias son mérito tuyo, tus derrotas son mala suerte
Consigues un cliente y es porque eres bueno en tu trabajo. Lo pierdes y es porque el mercado cambió, el momento fue malo o el cliente era imposible. Fíjate en el patrón: el éxito se atribuye a ti mismo, el fracaso se atribuye a todo lo demás. Con las personas de tu entorno funciona al revés: sus victorias parecen suerte, sus derrotas parecen merecidas.
No es deshonestidad, es un ajuste por defecto de la mente. La solución es un hábito pequeño e incómodo: después de cualquier resultado, nombra algo que la suerte aportó a una victoria, y algo que tú realmente controlaste en una derrota.
La idea
Explicas tus victorias por habilidad y tus derrotas por mala suerte — y juzgas a los demás al revés. Detéctalo antes de que se vuelva autoengaño.
Experiencia viva
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