La maestría es aburrida — y ese es el punto
Las primeras etapas de aprender cualquier cosa son emocionantes. Todo es nuevo, el progreso es visible y cada sesión se siente como una revelación. Pero eventualmente, la novedad se desvanece. Lo que queda es práctica repetitiva — escalas, ejercicios, los mismos movimientos fundamentales una y otra vez. Aquí es donde la mayoría abandona, y es precisamente donde comienza la maestría. La parte emocionante te hizo empezar; la parte aburrida es la que te lleva a algún lugar.
La disposición a hacer trabajo repetitivo y sin glamour cuando nadie mira y no hay recompensa inmediata es una de las cualidades humanas más raras. También es una de las más poderosas. Cada maestro que admiras ha pasado miles de horas haciendo cosas que aburrirían a la mayoría hasta las lágrimas. Si puedes aprender a presentarte para las partes aburridas — no soportándolas, sino entendiendo que son el núcleo del proceso — tienes una ventaja que ninguna cantidad de talento natural puede superar.
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